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¿QUIÉN CUIDARÁ DE NOSOTROS CUANDO SEAMOS VIEJOS?

 

México está presentando un acelerado envejecimiento de su población, un aumento de la proporción de personas adultas mayores en relación a las de grupos en edades más jóvenes. Actualmente existen en el país cerca de 10 millones de personas de 60 años y más, lo que representa el 8.6% de la población total; en el futuro inmediato las proyecciones demográficas prevén un crecimiento del grupo de mayores, de tal manera que en el año 2015 se espera que vivan en México poco más de 12 millones que representarán el 10.4%; para el 2030, 20.7 millones, que representarán el 20.7% y para el 2050, 38.8 Millones, 33.8% de la población mexicana será adulta mayor.

El grupo de personas de 70 años y más se incrementa rápidamente a tal grado que en el año 2050 más de la mitad de la población adulta mayor estará en el rango de edad de setenta años en adelante, si bien en términos generales en el momento actual las personas mayores hasta los 79 años gozan de una aceptable salud, autonomía e independencia, también es cierto que a partir de los ochenta años aparecen padecimientos que requieren de mayores servicios formales, así como cuidados y apoyos por las personas cercanas.

La población de edad y sus familias está demandando servicios sociales para vivir esta etapa del desarrollo humanos con niveles aceptables de calidad de vida y oportunidades de desarrollo social; desafortunadamente la oferta desde las esferas pública, privada y social no ha tenido una evolución acorde al crecimiento de la población de personas adultas mayores y sus requerimientos. Los servicios de asistencia y sociales son escasos, de limitada cobertura y consideran en poca medida la diversidad de necesidades y por consiguiente de opciones que permitan a las personas de edad y sus familias contar con una gama de alternativas que promuevan una vida digna en la vejez, con independencia y autonomía, que propicien la permanencia de las personas en el seno familiar y de su comunidad.

De siempre el cuidado y apoyo de las personas adultas mayores ha recaído en la familia y sus diferentes integrantes, a pesar de la idea tan difundida, pero poco sostenida en datos objetivos, del abandono que padecen las personas mayores por parte de sus familiares.

La familia mexicana por otra parte ha sufrido en los últimos cincuenta años una evolución congruente con el desarrollo de la sociedad, destacan entre ellos el número de personas que la integran, se ha reducido el número de hijas e hijos.

Habría que agregar que tradicionalmente en la mayoría de los casos en que una persona adulta mayor requiere de cuidados y asistencia, han sido las mujeres de la familia las que la proporcionan, además de desempeñar un sinnúmero de tareas y papeles al interior del grupo familiar. También desde hace varias décadas se ha acrecentado la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado, con lo que se agudiza la sobrecarga en el desempeño de múltiples papeles y responsabilidades.

Ante esta situación surge la interrogante ¿quién va a cuidar de nosotros en la vejez?

Lo deseable es que las personas adultas mayores permanezcan el mayor tiempo posible cerca de la familia y en su comunidad, condición para la que son indispensables servicios de apoyo graduales y acordes a sus características, necesidades e intereses.

Son esenciales servicios de auxilio para los integrantes de la familia que tienen que atender a una persona mayor con algún grado de dependencia, principalmente de aquellos que retarden la institucionalización de la persona en una casa hogar, estancia o residencia permanente. Dentro de los servicios más propicios están los de apoyo a domicilio, prácticamente inexistentes en nuestro país, y las residencias o estancias de día, que han tenido un mayor desarrollo, pero todavía de escaza cobertura, con una oferta de servicios variada, ofrecen durante el día atención a las necesidades personales básicas, apoyo en la realización de actividades de la vida diaria: alimentación, aseo, vigilancia; activación física, socialización, recreación, estimulación y convivencia.

Las residencias de día permiten a los integrantes de la familia desempeñar con mayor libertad sus diferentes responsabilidades, funciones y papeles, con la garantía de que su familiar está en un lugar seguro en el que se le proporciona atención, cuidados y, por otra parte, pueden conservar a sus adultos mayores en el seno familiar; son considerados también servicios de respiro temporales o permanentes ante el agotamiento del cuidador de la persona mayor, por lo que se perfilan hoy en día como una excelente opción congruente con la idiosincrasia de las familias mexicanas.