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QUÉ CONSIDERAR SI CUIDO DE MI FAMILIAR ADULTO MAYOR

Por la evolución demográfica, el envejecimiento y el aumento de la de la morbilidad de las personas mayores al paso de la edad, se incrementan también las demandas de cuidados durante la vejez. Si bien los servicios sociales para una vida digna son un derecho humano, debemos de reconocer que no está del todo garantizado con la infraestructura actual.

En nuestro país el cuidado de las personas mayores es y ha sido tarea que desempeña la familia en una alta proporción y en la mayoría de los casos esta responsabilidad se centra en uno solo de sus miembros, a estas personas se le llama cuidadoras informales.

Generalmente el papel de persona cuidadora recae en las mujeres de manera singular, con poco o ningún apoyo de otros integrantes de la familia, son en una alta proporción las hijas en edad madura, que además de ocuparse del cuidado de la persona mayor, tendrían que velar por tener un proceso de envejecimiento activo y saludable que las prepare para asumir su propia vejez, con mejores recursos personales; así como el desempeño de otros papeles sociales como trabajadoras, esposas, madres, amigas, en sí, del desarrollo de sus propias aspiraciones y profesionales actuales.

El tiempo que una persona cuidadora tiene que dedicar a la atención de su familiar mayor es muy amplio, en muchos caso equivale al de una jornada laboral. Aún cuando el cuidado casi siempre se sustenta en el afecto, reciprocidad, correspondencia, buena voluntad y se concibe como un deber moral, no deja de generar sobrecarga y los consecuentes efectos físicos, psicológicos y sociales,

Los cambios en la estructura familia y el papel social de la mujer en la sociedad contemporánea, ha originado que cada vez haya menos mujeres que sean cuidadoras y más personas mayores que precisan cuidados; es imprescindible, por una parte, el involucramiento de los varones de la familia que compartan con ellas esta labor, por otra, el desarrollo de programas e intervenciones orientadas a auxiliar a las personas cuidadoras informales con la perspectiva de que este recurso familiar continúe siendo un valioso instrumento para el bienestar de las personas mayores.

Mientras tanto, las personas cuidadoras tienen que prepararse para continuar con esta responsabilidad asumida históricamente, tener información y orientación que haga más llevadera esta actividad y procurar su salud integral, con una óptica distinta que privilegie el recurso generoso y trascendente que representan las persona cuidadoras informales para la sociedad.

Ante la situación en que tenemos que cuidar de otro, la actitud inmediata es que hagamos una revisión y análisis de todos los aspectos que requiere el cuidado de ese otro, la persona mayor, pero muy poco nos detenemos a pensar en cómo cuidarnos para ser buenos cuidadores, dejamos al final el potencial humano que representamos como tales y que al paso del tiempo puede agotarse, verse minado, menoscabado.

No reparar en nuestras necesidades personales siempre nos llevará a padecer lo que se ha definido como la "carga del cuidador" para referirnos al "conjunto de problemas físicos, psicológicos (emocionales), sociales y financieros que pueden experimentar los miembros de la familia que cuidan de adultos dependientes", el concepto de "carga" se deriva de aspectos objetivos que tienen que ver con las demandas y actividades que enfrenta cotidianamente la persona cuidadora, y los aspectos subjetivos que se refieren a los sentimientos y percepciones negativas que experimenta la persona sobre su tarea en el cuidado de la persona mayor.

Ambos aspectos merecen una atención especial por parte de la persona cuidadora, y del consejo profesional de ser necesario, cuando aparecen síntomas de "carga" en cualquiera de sus acepciones, para hacer un análisis minucioso de los recursos disponibles con los que cuenta la persona cuidadora, reorganizar tiempos, tareas y su distribución entre los integrantes de la familia. No menos importante es el análisis, bajo una base objetiva, de los sentimientos y percepciones ambivalentes y encontradas que se pueden generar en el proceso de cuidado que pueden ser la fuente de malestares psicológicos como la ansiedad, depresión, sensaciones de impotencia, culpabilidad, soledad, preocupación y tristeza.

El cuidado de la persona adulta mayor presenta certezas para la persona cuidadora como el hecho de que su familiar mayor está en un proceso involutivo y degenerativo, la seguridad de que las situaciones no mejorarán y si empeorarán con el tiempo, de que cada vez se requerirá de mayor tiempo para los cuidados y la incertidumbre de hasta qué punto se pude agudizar la sobrecarga de la persona cuidadora y las dificultades y fricciones en la relación entre persona cuidadora y cuidada.

Las personas cuidadoras deben ser conscientes y tener presente que tienen derecho a:

  • Tener una vida propia y a la búsqueda del cumplimiento de sus aspiraciones vitales.

  • Disponer de tiempo para la realización de actividades reconfortantes, gratificantes y satisfactorias sin sentirse culpables.

  • Quererse y admitir que hacen lo mejor posible su labor de cuidadoras.

  • Experimentar sentimientos negativos al observar el proceso de enfermedad de su familiar.

  • Resolver, con los recursos de su experiencia, las necesidades de su familiar de edad y solicitar ayuda cuando la requieran.

  • Preguntar y recibir apoyo en los aspectos que desconocen o no comprenden sobre el cuidado de su familiar.

  • Adoptar soluciones que se ajusten a sus necesidades y a la de su familiar.

  • Cometer errores y ser disculpadas por ellos.

  • Ser tratadas con respeto y consideración por otros integrantes de la familia y ser reconocidas por su labor.

  • Decir NO, ante las demandas que las sobrepasan.

  • Aceptar y expresar sentimientos positivos y negativos.

  • Proporcionarse cuidado.

  • Ser escuchadas.

Finalmente, si en su misión como persona cuidadora presenta cambios como: problemas de sueño, pérdida de energía y entusiasmo, desinterés, descuido de la imagen personal, cambios de humor (enojos fáciles y frecuentes, llanto), tristeza, nerviosismo, depresión, asilamiento, de concentración y memoria; molestias físicas: cansancio excesivo, dolores de huesos y articulaciones, digestivas; consumo excesivo de estimulantes (café, alcohol, tabaco y psicofármacos) Es necesario hacer un alto en el camino y pedir ayuda.

Recuerde, usted podrá cuidar de otro si sabe cuidar de sí.