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Esta sección está orientada a brindarle recomendaciones generales breves para un mejor cuidado de la persona adulta mayor que atiende, pero siempre será conveniente consultar con el especialista respectivo las recomendaciones específicas de acuerdo a las particularidades del estado de salud de su familiar, nuestros comentarios serán renovados periódicamente, abordando un tema distinto en cada ocasión: Sus intereses, cometarios y solicitudes serán de gran valor para tratar los temas que a usted le preocupen; una vez retirados de esta sección los podrá consultar en el apartado de "Temas de Interés".
El cuidado de la piel de la persona adulta mayor.


La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano y al que le dedicamos especiales cuidados a lo largo de nuestra historia vital, quizá porque todo lo que se altera en ella es sumamente observable por nosotros, los demás y tiene una gran relación con nuestra autoimagen. En la primera etapa del desarrollo en que somos dependientes son otros los que cuidan de ella y sus necesidades, en la vejez dependiente son nuevamente los que nos rodean los que nos proporcionarán los cuidados indispensables, en una edad y condición en la que la piel se caracteriza por una gran fragilidad.

La piel cumple las funciones de protegernos del ambiente, calor, luz, lesiones e infecciones, regula la temperatura corporal, es un depósito de agua y grasa, recibe y trasmite sensaciones, evita la pérdida de agua y la invasión de bacterias y otros agentes nocivos para el organismo, de ahí la importancia de los cuidados que tengamos con ella.

Con los años y pasada la mediana edad, la piel sufre cambios aún con los cuidados que le proporcionamos, se vuelve delgada y débil, pierde elasticidad y humedad. En personas adultas mayores dependientes requiere de cuidados especiales, una observación diaria y minuciosa, durante el aseo de la persona, de las alteraciones que puedan aparecer es parte de la rutina, revisar zonas enrojecidas, rozaduras, heridas, ampollas, partes húmedas, pliegues, y reportarlas al especialista tratante.

La piel debe permanecer constantemente limpia, seca e hidratada. Es conveniente el baño, en cualquiera de sus modalidades, con agua templada, jabón neutro y enjuagar perfectamente bien, secar cuidadosamente con presión ligera sin frotar y brindar especial atención al secado de la piel que está entre los pliegues, aplicar crema humectante, permitir que se absorba y no frotar o masajear en las zonas que presentan heridas o lesiones. No usar ingredientes que contengan alcohol pues producen resequedad. No usar talco, fundamentalmente, en las partes del cuerpo en que se forman pliegues ya que el talco acumulado en ellos conserva humedad que puede generar lesiones.

La salud de la piel depende también de una alimentación suficiente, variada y equilibrada, de ingerir líquidos durante el día para favorecer una adecuada hidratación, realizar ejercicio en la medida de las capacidades de la persona o en su defecto movimiento y cambios de posición frecuentes para favorecer una buena circulación.